Está demostrado científicamente que una hectárea de bambú (Bambuosa arundinacea) puede absorber entre 11 y 18 toneladas de CO2 por año, sustancia nociva para el medio ambiente. De atenernos solamente a ese beneficio sería suficiente para fomentar la reforestación de esa planta, originaria de Asia, específicamente de la India, y perteneciente a la familia de las gramíneas.
Sin embargo, su aplicación va mucho más allá pues se le reconocen más de 1 500 usos, entre ellos la confección de agujas de acupuntura e instrumentos musicales y la producción de pienso animal. Además, ayuda a contrarrestar la desertización ya que sus raíces evitan que las lluvias se lleven la tierra. También puede servir
para proteger los campos de cultivo a modo de cortinas rompevientos.
Su capacidad de resistencia y el pronto crecimiento (entre 15 y 20 cm en 24 horas) es cada día más empleada por millones de seres humanos en el mundo, como una alternativa a la creciente escasez de madera para disímiles destinos, entre ellos la fabricación de casas, andamios, mobiliarios y utensilios para el hogar, como sillas y mesas, e incluso han corroborado su efectividad en la confección de puentes, además de otras utilidades.
Desde el punto de vista nutricional, los brotes tiernos han sido popularizados por la cocina china. Se destacan por su alto contenido en fibra y especialmente su gran aporte de Silicio. Esta última cualidad lo hace muy recomendable en personas desmineralizadas o que sufren de problemas osteoarticulares (artrosis, artritis, reumatismos, descalcificación, etc.) ya que colabora en la síntesis de colágeno y esto favorece la salud de los huesos y cartílagos. Y se añade un efecto remineralizante que puede ser beneficioso en la menopausia de las mujeres.
Amén de su cualidad reconstituyente, nos ayuda a tener un buen nivel de energía y ánimo, aportando beneficios en nuestra respiración y funciones hepáticas. Asimismo, el Sílice estimula el sistema inmune e inhibe el proceso de envejecimiento en los tejidos.
Y como si fuera poco, este verdadero regalo de la naturaleza es un afrodisíaco muy conocido y utilizado en China, cultura que tiene un saber sexual muy amplio. Debido a su alto contenido en nutrientes, las cañas del bambú aumentan considerablemente el apetito sexual causando además un resultado vigorizante reconocido durante milenios en la sabiduría asiática.
El bambú es apto para dietas adelgazantes, pues proporciona bajas calorías, saciante, suavemente laxante y disminuye, gracias a la fibra, la absorción de grasas y azúcares. Como medicina, Enrique “El Gallego” Otero, considerado el primer Científico Popular cubano, recomienda sus raíces en cocimiento como un diurético.
Antiguamente, en las ceremonias religiosas celebradas en China estallaban bambúes en el fuego, para de esta manera, expulsar los malos espíritus. Del ruido provocado por esta explosión deriva la palabra bam-bú. Existe un total de 80 géneros y entre 1 000 y 1 200 especies de bambúes distribuidas por el mundo, aunque la cifra varía según los autores.
Otro dato curioso: En Japón, se incluye la planta de marra dentro de la combinación llamada SHO (pino: la fuerza), CHIKU (bambú: la virtud, fidelidad y constancia), BAI (ciruelo: la elegancia y resistencia), que se usan como símbolos durante la celebración del año nuevo. Cada uno de ellos simboliza la virtud humana.
Para los nipones tener espíritu de bambú, implica saber adaptarse a las circunstancias, doblarse con el viento y cuando se agacha por el peso de la nieve, esperar pacientemente a que ésta se derrita para levantarse de nuevo. En definitiva no ser rígido, sino tan flexible como requieran las circunstancias.